domingo, 28 de octubre de 2012

¿Y por qué cambia tanto mi estado de ánimo?
Levantarte pletórica, con ganas de saltar y de bailar. Subir el nivel de la música y que aún así se te escuche más alto a ti. Ponerte un conjunto sencillísimo y sentirte monísima. Simplemente porque estás cómoda y porque has pasado una buena noche y te sientes bien. Contenta. Hacía tiempo que no lo estaba. Pero esa sensación ha durado poco. Muy poco. A penas unas dos horas.
No se exactamente que es lo que ha sido. Puede que verte. Sólo quizás. Pero si ha sido eso estoy contenta. Contenta por poder decir con rotundidad: ya no te quiero. Te he querido, si. Pero lo más importante es que ya has pasado al lugar donde siempre debiste estar, apartado de mí. Aunque haya pasado buenos momentos contigo de los que no me arrepiento ya no se volverán a repetir. Ese juego que pretendes llevar no estoy dispuesta a seguirlo. Si estás enamorado de otra chica, bastante por lo que puedo leer, no puedo entender como eres capaz de besarte conmigo. En fin, ya está. Me hizo falta que pasara una última vez para darme cuenta de lo que no quiero. Y estar completamente segura de que esta historia ha acabado.
Y ahora, bueno, ahora creo que vuelvo a estar otra vez contenta. Sí, y supongo que el motivo de mi bajón haya sido verte, pero ya está. Todo acabado. Gracias.

jueves, 27 de septiembre de 2012


Muchas veces nos acostumbramos a ver una monótona realidad, pequeños detalles inapreciables que de tan repetitivos pasan muchas veces desapercibidos. ¿Quién se ha parado a observar alguna vez como es la lavadora de tu casa? Sólo cuando un día se rompe y en su lugar encuentras otra mucho más blanca y menos ruidosa caes en el recuerdo de que la anterior no era así. Es igual que esta mañana cuando saliste disparada de casa hacia el insti porque no tenías tiempo que perder y cuando llegaste te encuentras tu cama perfectamente hecha,  las cortinas adornadas con las primaverales flores que tanto te gustan y que tu madre a colocado con paciencia y esmero. Esa misma persona, que es la que más te quiere y te querrá en el mundo, esta mañana te hizo un zumo de naranja con la pulpa para que no te pierdas ni una sola vitamina, y también te dejó al lado la sandwichera enchufada para que hicieras tus tostadas, pero que luego tú  no utilizaste porque viste más conveniente comerte dos rápidas barritas energética. Mientras estás acabándote de arreglar, ella baja primero al garaje, para coger el coche y recogerte justo en la puerta de casa, para que no tengas que andar mucho. Y por supuesto es la primera que está a la salida enfrente de la puerta del insti para regresar a casa y preguntarte detalladamente qué tal te ha ido el día. Al llegar a casa, puedes observar que está todo perfectamente hecho, sacando tiempo de donde no lo tiene, y además  descubres que entre sus compras hay un vestido para ti, lo  había visto en la tienda y su máxima ilusión era vértelo a ti puesto, a su hija.

Todo esto que he escrito puede que os sugiera una contradicción en mi pensamiento. Os he dicho que muchas veces no nos fijamos en los pequeños detalles pero… parece ser que en realidad sí. Son pequeños grandes detalles que cada día ocurren, ocurren y ella hace que ocurran, ella, porque ella es la más grande, la más buena, la más mejor. Te quiero mamá. Gracias por TODO.

jueves, 26 de julio de 2012

Tampoco pido tanto

Repite conmigo: se feliz, se feliz
¿Qué es lo que te lo impide? ¿Qué fuerza está haciendo que no puedas dibujar en tu rostro una sonrisa? ¿Qué es lo que falla? Algo está mal, lo sabes. ¿Qué haces que no estás haciendo nada? Venga, 1,2,3 ¡cambia todo!
Abre los ojos, deja a un lado aquella cosas que te atormentan, no quieras estar siempre ahí abajo.
Sueña. Levántate por la mañana abre la ventana y grita: ¡Gracias mundo por hacer que abra los ojos cada día!
Todo esto lo se. Se que apreciando los pequeños detalles sería más fácil ser feliz. Y entonces, si se lo que hay que hacer, ¿se puede saber por qué no lo hago?
Si se que comerme una barra entera de pan me produce felicidad, ¿por qué no me la como?
Quizá mi problema sea ese. No ser capaz de hacer las cosas porque sí. Pensar siempre en el instante de después y darme cuenta entonces que me me saldrá tripa y que no me va a quedar de bien el bikini. Entonces, ¿tengo que vivir esclavizada por miedo al mañana? Y lo que es peor, ¿estoy dando a entender que mi felicidad se basa en hacer las cosas sin pensar, tal y como me vengan a la cabeza? Creo entonces que soy un poco infantil, inmadura y caprichosa. Pero, no pido tanto, si además, más que mi propia felicidad, lo que verdaderamente me haría alcanzar esa plenitud sería que unas personas que son mi vida fueran felices. Sería capaz de renunciar a cualquier cosa con tal de que ellas no sufrieran, verlas sonreír cada día y que las únicas lágrimas que pudiesen derramar fueran de alegría